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Coito doloroso o intento frustrado del coito. La dispareunia es generalmente introital pero también puede aparecer antes, durante o después de la relación sexual. La causa puede ser un factor psicológico o un traumatismo local (p. ej., laceración del himen, lesiones del meato uretral). Después de un traumatismo pueden aparecer ulceraciones superficiales dolorosas. Otras causas incluyen una lubricación inadecuada, generalmente secundaria a preliminares inapropiados o insuficientes; presión vigorosa sobre una uretra sensible durante el coito; penetración inapropiada; lesión del introito debido a alteraciones inflamatorias (p. ej., vestibulitis); infecciones (p. ej., abscesos de las glándulas de Bartolino o sus conductos); inflamación de las glándulas sudoríparas labiales; irritación secundaria al uso de preservativos de mala calidad o con lubricación inadecuada; reacciones alérgicas al contenido de espumas y geles anticonceptivos y a los preservativos; anomalías del tracto genital femenino (p. ej., tabique vaginal congénito, himen rígido) y enfermedades dermatológicas (p. ej., liquen escleroso). La causa psicológica más frecuente es el vaginismo (v. más adelante). La dispareunia adquirida no se relaciona con el primer coito y con frecuencia se desarrolla años después del mismo. Sus causas incluyen: involución menopáusica con sequedad y adelgazamiento de la mucosa vaginal, engrosamiento del introito secundario a perineorrafia tras episiotomía o reparación plástica de la vagina, retroflexión uterina marcada con prolapso ovárico al fondo de saco, endometriosis, vaginitis, divertículo suburetral y enfermedad inflamatoria pélvica. La radioterapia para el tratamiento de neoplasias malignas también puede ser causa de dispareunia. Los factores psicológicos y otros relacionados son similares a los implicados en el trastorno orgásmico femenino (v. anteriormente). La estimulación sexual inadecuada o su inhibición psicológica pueden dar lugar a una lubricación vaginal inapropiada y a dolor coital. El dolor durante o tras el coito es el síntoma fundamental. La exploración de ambos compañeros sexuales antes del matrimonio o la actividad sexual, una explicación clara de los órganos sexuales y reproductores, sus funciones y los factores fisiológicos y psicológicos relacionados con la relación sexual y el consejo sobre técnicas sexuales pueden ayudar a la prevención de algunos problemas. Lo más importante es escuchar a la pareja y responder a sus preguntas. Las lesiones o defectos deben corregirse si es posible. Por ejemplo, un anillo himenal engrosado puede ampliarse en la misma consulta previa aplicación de lidocaína al 1%. El uso de un lubricante hidrosoluble inmediatamente antes del coito generalmente evita el dolor y el espasmo muscular. En algunos casos, la penetración posterior evita la presión en la uretra con sensibilidad aumentada y reduce el dolor. Para el tratamiento del vaginismo, ver más adelante. Los preparados locales de estrógenos o el tratamiento sustitutivo con estrógenos orales son útiles en mujeres con vaginitis posmenopáusica. Los quistes o abscesos deben tratarse quirúrgicamente; los labios inflamados deben mantenerse limpios y secos. Para el tratamiento de la vulvovaginitis, ver capítulo 238. Si existen inflamación y dolor vulvar, puede aplicarse localmente una compresa húmeda con solución de acetato de aluminio diluido. Si el dolor es severo está indicado un analgésico por v.o., p. ej., codeína, 30 a 60 mg, con paracetamol, 500 mg, cada 4 h. Si la paciente es portadora de un diafragma mal dispuesto que lesiona los ligamentos uterosacros, éste debe recolocarse o extraerse. Son recomendables las charlas formativas con ambos compañeros sexuales. Sin embargo, si la dispareunia es de larga evolución o si los factores psicológicos subyacentes no pueden corregirse, la paciente debe ser remitida a un psiquiatra.
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